Por Nicolás Sagaian. Agencia AUNO, 15 de diciembre de 2009.- Escribió cientos de páginas en la Historia en Banfield, pero le faltaba una más. Esa que se le negó durante 19 años de carrera y 508 partidos con la camiseta verde y blanca. La carilla que finalmente el domingo pudo completar, esta vez, no desde adentro de la cancha, sino desde el banco de suplentes. Algo extraño para Javier Sanguinetti, acostumbrado a ser protagonista en varios de los momentos decisivos que el club disputó en los últimos tiempos.
En esta ocasión, le tocó vivir el título detrás de la línea de cal, como ayudante del entrenador Julio César Falcioni. Sin embargo, las sensaciones son las mismas. “Se disfruta igual o mucho más, aunque se sufre demasiado”, afirma en una charla mano a mano con AUNO en la que cuenta sus sensaciones y analiza los aciertos y errores de este Banfield, a horas de haberse consagrado campeón del Torneo Apertura 2009.
-¿Por qué fueron el mejor equipo del certamen?
-Fuimos un plantel completo. Tuvimos solidez, versatilidad, gol, mucho sacrificio y cuando fue necesario, también mostramos un buen nivel de fútbol. Por eso, no se puede discutir que Banfield fue un justo campeón. Nadie puede quitarle méritos a este plantel.
-¿Esto último es para quienes discutieron el estilo de juego del equipo?
-Acepto todas las opiniones por igual. Habrá incluso a quienes les guste más un equipo que otro, pero no se puede discutir a este Banfield como un merecido campeón. Siempre fuimos superiores a los rivales y en todas las canchas salimos a jugar de igual a igual.
-¿Entonces le gusta como juega Banfield?
-Me encanta. Sacar 41 puntos no es cosa de todos los días, tampoco tener la valla menos vencida y al goleador del campeonato (Santiago Silva). Son cosas que no pueden quedar afuera del análisis. Aparte, el equipo tiene jugadores de calidad. Contra Vélez, Godoy Cruz, por nombrar algunos partidos, desplegamos un gran nivel de juego.
-¿Pensaba que el título se podía lograr?
-La ilusión y la tranquilidad estuvo desde el primer día. Sabíamos que teníamos un buen plantel, un grupo de hombres comprometidos con un proyecto, que no se dieron nunca por vencidos, ni siquiera ante las situaciones más adversas. Por todo eso, creo que este grupo obtuvo un logro histórico al ganar un campeonato.
-¿Era el paso que le faltaba dar en el club?
-Disfruté muchísimos momentos felices en mi carrera. Tuve la suerte de conseguir cosas importantes, pero salir campeón de Primera División es lo más lindo que me podía pasar. Por eso, no me quedan palabras a la hora de agradecerle a (Julio César) Falcioni por darme la posibilidad de sumarme a este grupo, nada más y nada menos que como su ayudante.
No era lo que había pensado cuando anunció su retiro. Javier Sanguinetti quería seguir su camino en el fútbol, pero desde la función de manager o coordinador. Sin embargo, esa llamada sorpresiva que recibió de Falcioni, aquel sábado de febrero le hizo comprender que se encontraba ante una oportunidad que no podía desaprovechar. “Me asombró, pero acá estoy. Julio es el culpable de que yo haya conseguido esto”, cuenta con una sonrisa el “Archu”
-¿Qué recuerdos tiene de esa primera charla?
-Dijimos que íbamos a intentar hacer algo parecido a lo que se había logrado cuatro años atrás, cuando Banfield fue protagonista del torneo local y consiguió hacer una gran participación en las copas internacionales. Obviamente con las expectativas lógicas del caso, en un club que conocíamos bien y que no venía haciendo buenas campañas.
-¿Y cómo se logró ese cambio? Si la base de jugadores, a grandes rasgos, es casi la misma que existía en el torneo anterior, cuando Banfield tuvo muchos altibajos...
-Creo que Falcioni es el gran responsable de eso. Porque armó el equipo y lo diseñó con un nuevo estilo de juego. Recuperó a jugadores que no tenían su posibilidad como (Julio) Barraza y Sebastián Fernández. Sumó grandes refuerzos como el “Gallego” (Sebastián Méndez), (Roberto) Battión y (Marcelo) Quinteros. Le otorgó a este Banfield una identidad de lucha. Y el grupo demostró que se merecía lo que consiguió.
-Rescata muchas virtudes del equipo, ¿Cuáles serían los defectos?
-Sufrimos más de la cuenta. Quizá la presión, o la responsabilidad de estar ante una posibilidad única, nos pudo haber jugado en contra en el partido contra Boca. Aunque también hay que decirlo: en las últimas fechas, todos salieron a jugarse la vida cuando nos enfrentaban. Era como si se estuvieran ante un campeón mundial.
-¿Y no lo festejó como si hubiese conseguido una Copa del Mundo?
-Sí, totalmente. La emoción y el delirio, ahí, en la cancha de Boca, en el vestuario, y en el viaje hasta el Florencio Sola, fue producto de un grito que teníamos contenido. Vivir un campeonato con Banfield resultó una experiencia única, no importa en la función en la que me tocó estar. Fue como soñar despierto.
martes 15 de diciembre de 2009
“Nadie puede quitarle méritos a este equipo”
lunes 14 de diciembre de 2009
Falcioni, el padre de la criatura
El entrenador volvió al "Taladro" para completar su obra. En su primer paso, entre 2003 y 2005, lo hizo conocer América. Ahora, tras reemplazar a Jorge Burruchaga, construyó el equipo que dio la primera vuelta olímpica en sus 113 años de historia. Ave, César. Por Nicolás Sagaian. Agencia AUNO, 14 de diciembre de 2009.- No es tan duro como parece. De malo sólo tiene la cara. Sino mírenlo reír, saltar, cantar. Mírenlo levantar las manos en el aire. Cerrar los ojos. Dejar caer un par de lágrimas. Mírenlo metiéndose de lleno a la cancha. Abrazándose con sus jugadores. Fundiéndose en ese tumulto verde y blanco con la emoción a flor de piel. Con una sonrisa que le ocupa toda la cara. Mírenlo gritando como un chico. Viviendo un sueño despierto. Único. Inigualable. Sólo como él lo puede vivir.
Mírenlo a Julio César Falcioni. El emperador. El padre de la criatura. El hombre que hizo posible lo que parecía quimérico. Mírenlo llorar. Como se descarga en uno y mil abrazos. Como levanta la copa con los ojos puestos en el cielo, y suelta al pasar, “ahora me puedo morir tranquilo”. Y se ríe. Se abraza con Sebastián Méndez. Le da un apretón gigante, y después se funde con Lucchetti...
En un instante, la alegría lo invade. Julio César disfruta, goza como nunca. La gente de Banfield enloquece. Allá en lo alto, en la tercera bandeja, grita “dale campeón”. En el suelo los jugadores dan vueltas en una ronda única. La copa hace de centro. Los giros no marean.
Los hinchas de Boca aplauden. Todo Banfield se mete al vestuario. Falcioni es casi el último. En la intimidad hay más gritos, cantos y abrazos. Sin embargo, la fiesta desborda y sale para afuera. Sorpresivamente “Pelusa” aparece con un champagne en la mano y disfruta. “Ya está, no importa más nada”, suelta al pasar. “Fuimos el mejor equipo del campeonato”, afirma y exhibe su sonrisa frente a los micrófonos y las cámaras.
El hombre con cara de piedra muestra que se puede emocionar. Lo admite: “Hubo lágrimas y abrazos en el vestuario”. Como se pensaba. Fue un desahogo después de tanta espera. Por eso, se disfruta el doble. “Es difícil ser campeón, y este equipo lo consiguió”, dice, y admite inmediatamente que el sufrimiento no estuvo ausente. Varias orejas estuvieron pegadas al partido de Newell’s. Por suerte ya pasó.
“Estoy contento, es un sueño, la cristalización de un trabajo serio de todos. Ya sea los que jugaron siempre, como los que estuvieron cinco minutos”, asegura Falcioni. No se quiere olvidar de ninguno. Silva, Quinteros, Erviti... Vergara, García. Tampoco entre los responsables quedan afuera los ayudantes, el cuerpo técnico, la familia. El premio es de todos.
¿Pensaba que se iba a dar así? “No”. Pero el fútbol tiene esto. “Es algo histórico, ganamos perdiendo”, indica. Pero poco importa. “Después de tanto remar es un orgullo conseguir este objetivo”, suelta más tranquilo, ya en casa, en el estadio Florencio Sola.
Es de noche. El césped está colmado y las tribunas son una fiesta: 35 mil almas gritando. Se hace imposible la vuelta. “No importa. Quiero repetir esto en otro año. Más tarde se puede dar”, deja salir su esperanza. Las pulsaciones bajan pero la emoción está. Sino mírenlo. Ahí, adentro del vestuario. Festejando con Bustos, riéndose con Sanguinetti. La imagen puede mucho más.
No es para menos. Falcioni vive un sueño despierto. Único. Inigualable. Un instante eterno. De esos que no se olvidan más.
Santiago Silva, en nombre del gol
Con 14 tantos en su haber, el uruguayo se coronó como el máximo goleador del Apertura 2009 y resultó clave para que el equipo de Julio César Falcioni se quedara con el campeonato. "Hice un aporte brutal, pero el mérito es de todo el plantel", destacó el artillero, que sueña con seguir en el "Taladro". "Me quiero quedar en este club y pelear por cosas importantes", remarcó.Por Nicolás Sagaian. Agencia AUNO, 14 de diciembre de 2009.- Un caluroso 23 de enero de 2009 llegó a Banfield. Fue el momento justo. El conjunto conducido en ese entonces por Jorge Burruchaga necesitaba goles tras la salida de Darío Cvitanich. Y el uruguayo Santiago Silva pretendía plasmar la continuidad que no había logrado en Vélez, donde no pudo ganarse un lugar. Ambos se necesitaban. El club y el jugador. La circunstancia de la vida los unió. Sin pensar que, a partir de allí, comenzaría a forjarse un sueño.
La fantasía se fue haciendo realidad de a poco. En su primer torneo con la camiseta del "Taladro" (Clausura 09), los goles tardaron en llegar. Recién sobre la parte final logró asentarse y formar una sorprendente sociedad con su amigo y compatriota Sebastián Fernández. "A partir de entonces puede que haya comenzado a forjarse esta historia, y también el título", analiza el goleador como siempre, con la cabeza fría.
Pero tiene el corazón caliente. Por eso, su segunda etapa fue mucho más productiva. Los números son contundentes: 14 goles en 19 partidos. Cinco tantos menos de los que había marcado hasta ese momento en toda su carrera en el fútbol argentino –donde cumplió 83 presentaciones--. Hasta hoy, su momento cúlmine, cuando se erigió como pieza fundamental de Banfield, en el cual se destacó como figura y goleador.
"Hice un aporte brutal, algo importantísimo para mí, pero el premio es de todos", sostuvo el delantero repartiendo méritos. Sin embargo, no se le puede negar el esfuerzo. Empuja y transmite aunque la marca no sea su trabajo habitual. Deja el alma en la cancha. Hace goles pero también sabe ser solidario. Por todo eso resulta "impagable" para él tener el primer título del club en sus manos. Histórico.
Las sensaciones son todas buenas. El desenfreno se nota en esa corrida que se animó a dar en cuero, en el estadio Florencio Sola. Ante una multitud. Es que se trata de disfrutar. "Nadie nos regaló nada y ahora es un desahogo muy importante conseguir este campeonato. Algo único", dice tras esquivar a una marea de gente y meterse de lleno en el vestuario para volver a saltar y cantar. No para. Santiago Silva nunca para.
Se abraza con el "Chiquitito" Fernández. Su compinche, su compañero adentro y afuera de la cancha. Con quien sueña jugar algún día en la selección uruguaya. "Ya se va a dar", afirma porque cree que todas las chances siempre llegan en la vida. "Si no miren a Banfield. Hicimos una gran campaña, somos un equipo humilde y sólido que estuvo 15 fechas invicto, tuvimos el arco menos vulnerado y por eso fuimos los mejores", sostiene relajado.
Ahora todo es expectativa. Cumplió una etapa pero quiere "seguir en el club, y conseguir más cosas importantes". Todo dependerá de los dirigentes. Al artillero, que se inició en Central Español, de Uruguay, se le termina su contrato a préstamo por un año y el "Taladro" tiene una opción de compra de un millón 200 mil dólares por el 50 por ciento de su pase. Una suma que el uruguayo se encargó de pagar con el rendimiento que cumplió a lo largo del Apertura.
Los hinchas de Banfield quieren que se quede. Porque ya entró en sus corazones. Por una puerta gigante como su figura. Que ya cumplió "un sueño", pero él se esperanza en conseguir muchos más...
El menos vencido
Por Nicolás Sagaian. Agencia AUNO, 14 de diciembre de 2009.- Es símbolo y referente. Su nombre está muy emparentado con Banfield. Pasó un descenso, un ascenso y ahora se consagró por primera vez campeón. Fue crucial para la obtención de la gloria. Es que le puso un candado gigante a su arco –recibió 11 goles en 19 partidos--. Y además, se erigió como líder del grupo. Por eso, Cristian Lucchetti vive uno de sus momentos "más felices" de su vida. No es para menos. Su Banfield querido ya es parte de la Historia.
Dice que no tiene palabras. Las expresiones que salgan de su boca serán todas vanas. Acaba de conseguir lo que deseó en sus 31 años. "Esto es casi comparable con el nacimiento de mis hijas", admite con el alma que se le sale del cuerpo. Porque reconoce lo que siente el hincha de Banfield, "lo que ha sufrido y lo que tuvo que pasar", en una espera eterna de 113 años. Entonces ahora disfruta al máximo de este gran momento.
Todo es alegría. Lucchetti se acuerda de lo vivido durante todos estos años y resalta que el título es fruto de un gran trabajo. "Laburamos mucho, fuimos creciendo de a poco e hicimos un campañón. No quedan dudas de que fuimos el mejor equipo", afirma. Por eso, su cara desborda felicidad. Sus ojos brillan de la emoción.
Con la vista nublada, da la vuelta caminando muy despacio en el colmado Florencio Sola. En un brazo sostiene a Sofía, su hija de ocho meses, y en el otro a Milagros, de cinco años. "Fue un año muy especial". Desde el comienzo, hasta ahora. "Es muy lindo, porque tengo amigos dentro y fuera del club. Todos hemos sufrido a la par en estos últimos cuatro meses", comenta.
"Cada vez que ganábamos un partido era mandarnos mensajes y decir, 'cada vez falta menos'. Y los días no pasaban. Por eso sé muy bien lo que significa este campeonato para todos", relata. El título del Torneo Apertura es la frutilla del postre. Por eso, el "Laucha" lo está festejando aunque todavía no sabe lo que el destino le deparará en los próximos meses.
Todas las pretemporadas surgen ofertas que involucran su nombre. ¿En ésta se repetirá? Por ahora el arquero no quiere imaginarlo. Sólo piensa en disfrutar. "La verdad que tuve momentos bueno y malos. La gente siempre me mostró su cariño y siempre fue incondicional. A ellos le debo todo", afirma y reconoce que hizo una promesa que no develará.
"El pelo no me lo voy a cortar. Tengo algo prometido pero prefiero quedármelo para mí”, apunta manteniendo la incógnita. Y para cambiar de tema recuerda un partido clave del certamen. Domingo 8 de noviembre. Parada decisiva. Rival: San Lorenzo. Desarrollo complicado. Banfield gana pero el compromiso no es fácil. Lucchetti se convirtió en salvador con tres atajadas fundamentales.
"La que más me acuerdo es una pelota que le saqué a Menseguez. Ya terminaba el partido y si entraba andá a saber lo que pasaba", conjetura. Sin embargo, a su lado tiene la Copa. Este equipo ya entró en la Historia de Banfield, y su nombre está marcado a fuego en este glorioso capítulo que protagonizó este grupo que Falcioni supo conducir. Por eso, Cristian Lucchetti vive uno de los momentos "más felices" de su vida.
Méndez, el patrón de la defensa
El “Gallego” fue el primer refuerzo que trajo Falcioni para este Apertura. Lideró la última línea y formó una dupla impasable con Víctor López. Tras dar la vuelta olímpica, anunció su retiro del fútbol. “El campeonato es un broche de oro”, resumió. Por Nicolás Sagaian. Agencia AUNO, 14 de diciembre de 2009.- Lo venía masticando. Semanas atrás, Sebastián Méndez había deslizado que su carrera entraba en el tramo final. No sabía hasta cuándo iba a extenderse. Ni cómo iba a terminar. Hasta ayer, que tomó la decisión definitiva. “Ya está, me quedé sin nafta”, lanzó el defensor después de conseguir su octavo título en 16 años de carrera. Por eso, a pesar de ser el dueño y patrón de la defensa y tener la posibilidad de disputar la próxima Copa Libertadores, el “Gallego” dijo ‘chau’...¿reverá su sentencia?
Por el momento todo parecería indicar que no. Ese abrazo interminable con Walter Erviti y el regalo de la camiseta al entrenador Julio Falcioni son una clara muestra del final de una etapa. Mucho más si se tienen en cuenta las explicaciones del ex San Lorenzo. “Fueron muchos años jugando y verdaderamente no estoy bien en lo físico. Eso influyó en la determinación”, contó Méndez que en los últimos meses jugó con un dolor de rodilla que lo tiene a maltraer desde hace un año.
“Quería retirarme jugando”, continúo el zaguero y, dejando de lado la nostalgia, remarcó que el campeonato es “un broche de oro” para finalizar su carrera. Sin embargo, desde la intimidad del plantel conducido por Julio César Falcioni ya adelantaron que harán “todo lo posible” para convencer a Méndez de que siga jugando. Pero la última palabra, obviamente, la tendrá el “Gallego”.
En ese punto la cuestión se torna difícil. Porque Méndez hoy tiene como preferencia “pasar más tiempo” con su familia. Además, cree que su “tiempo en el fútbol terminó”, aunque aclaró que eso no quiere decir que se aleje definitivamente del mundo de la redonda. ¿Será entrenador, ayudante, manager? Por el momento no quiso hablar de eso.
Méndez llegó a Banfield hace seis meses como el primer refuerzo de Falcioni. Fue la apuesta fuerte del entrenador, que apuntó a la recuperación futbolística del defensor ya que venía siendo cuestionado por sus últimas actuaciones en San Lorenzo. Pero con el correr de las fechas se afianzó y supo formar una pareja de centrales muy solvente con Víctor López.
Así, se transformó en uno de los pilares de este Banfield campeón. Al punto que disputó todos partidos desde el arranque. “Fue un torneo muy duro. Newell’s fue un gran competidor, pero por suerte nos tocó a nosotros”, apuntó en medio de los festejos. ¿Cuál fue la clave del título? “Todos se comprometieron con el proyecto y formamos parte de un grupo muy ensamblado, con mucha humildad y unión”, resaltó el zaguero.
Con una trayectoria envidiable, el futbolista, de 32 años, debutó en Vélez en 1994 y hasta 2002 fue seis veces campeón. Luego desembarcó en el Celta de Vigo, adonde fue cacique y antes de llegar a Banfield, pasó por San Lorenzo, equipo con el que ganó el Clausura 2007. Ahora sumó una nueva estrella a su pared y todo parecería indicar que es la última en calidad de jugador.
Habrá que ver si finalmente esa postura se mantiene. En el caso de que sea así, se deberá decir que se retiró el “Gallego” Méndez. Después de 16 años como futbolista profesional. Luego de hacer historia con Banfield. En grande.
http://www.auno.org.ar/leer.php/5619
jueves 10 de diciembre de 2009
El cielo puede esperar
Con un cabezazo de Víctor López, el “Taladro” derrotó a Tigre (1-0) y se afianzó como el único líder del Apertura, cuando resta una fecha para la finalización del certamen. Newell’s venció como visitante a Gimnasia (2-0) y sigue como escolta, a dos puntos de la cima. El domingo, el equipo dirigido por Julio César Falcioni buscará consagrarse campeón ante Boca en la mítica “Bombonera”.Por Nicolás Sagaian. Agencia AUNO, 10 de diciembre de 2009.- La ilusión de Banfield está intacta. Cuando parecía que la gloria se le escapaba, a minutos del final, el conjunto dirigido por Julio César Falcioni se tiró de cabeza al campeonato. Por eso, quedó a un paso de escribir la página más gloriosa de su historia, que tendrá un capítulo final en la “Bombonera”. Nada más y nada menos. Para cerrar un año de novela, en el que el conjunto del Sur del Gran Buenos Aires puede grabar su nombre con tinta fresca en el libro grande del fútbol argentino.
No le queda casi nada para terminar su obra cúlmine. Para eso fueron necesarios 84 minutos de un drama con muchos condimentos, y un testazo de Víctor López --¿en off side?-- que le dio un poco de aire al desenlace. Algo demasiado necesario para este protagonista estelar del Apertura, que tiene que luchar aún contra su ansiedad y su propio nerviosismo. Por eso, todavía nada está dicho aunque la vuelta está ahí, a tiro.
Es que miles de emociones envuelven al “Taladro”. Eso se vio durante todo el encuentro frente a Tigre. Quizá la responsabilidad o la presión de haber jugado con el resultado puesto de Newell’s –que le había ganado 2-0 a Gimnasia--, lo hicieron vivir el desarrollo con la sangre caliente. Por ello, pareció que la criatura de Julio César Falcioni vivió el compromiso con los músculos tensos. En un escenario ardiente, colmado de ansia y agitación.
Tal vez ahí pueda entenderse por qué el local jugó sin tanta planificación y estrategia. Siempre manteniendo la serenidad, pero sin hacerle tanto daño al rival. A saber, en todo el primer acto, Banfield generó sólo dos chances claras de gol: un bombazo de James Rodríguez que se estrelló contra el travesaño y un tiro cruzado de Julio Barraza. Nada más.
Sin embargo, siempre mostró una actitud tendiente al intento. El sacrificio y la transpiración nunca faltaron, si bien nunca consiguió hilvanar juego con claridad. Cegado en busca de la victoria, Banfield tiró una y otra vez centros cruzados al área visitante, que por momentos estuvo resguardada hasta por seis defensores.
Por eso la última parte estuvo plagada de emociones. Porque con esa disposición el local fue empujando al “Matador” hacia atrás, llevándolo a pararse casi sobre la línea de su arco.
Nuevamente Walter Erviti tuvo su momento, cuando frotó la lámpara y armó una jugada que se fue apenas afuera. También hizo su intento Santiago Silva. Y a partir de ahí comenzaron los suspiros. El suspenso se hacía cada vez más inquietante, los corazones latían cada vez más rápido y la tensión comenzó a hacerse dueño del desarrollo.
Las dudas llegaron hasta el final. Que no se descubrió al menos hasta llegar a lo último. Hizo esperarse el desahogo. Pero finalmente llegó, a seis minutos del límite. Justo cuando volvían a aparecer algunos fantasmas de 1951, que fueron espantados inmediatamente por el héroe de la noche: Víctor López, que con un cabezazo preciso le dio un nuevo momento trascendental a esta historia que nunca se olvidará.
La novela todavía no está terminada. Lo que sí, se sumó una nueva página dorada a esta gran obra, que puede tener un gran final. El desenlace puede ser feliz, como lo desean todos los seguidores de Banfield, pero para saberlo habrá que esperar. Quedan cuatro días...
http://www.auno.org.ar/leer.php/5613
miércoles 9 de diciembre de 2009
Museo del Cine: peligro de desaparición
En casi treinta años de existencia, la entidad porteña y, hasta ahora, único archivo oficial del cine nacional, sufrió cinco mudanzas y no cuenta con una sede propia. Mientras el edificio donde en la actualidad funciona sufre de “extrema precariedad”, la construcción de un lugar propio quedó clausurada cuando el museo fue repentinamente eliminado del programa del gobierno porteño que eso prometía. Algunos de sus empleados denunciaron ante Agencia NAN el futuro “incierto” de la institución.Por Nicolás Sagaian. Agencia NAN, 9 de diciembre de 2009.- Lo que está en juego es el patrimonio fílmico nacional. Nada más y nada menos. Por eso, es totalmente entendible que brote el grito de alerta de los trabajadores del Museo de Cine de la Ciudad de Buenos Aires para denunciar el futuro “incierto” de la histórica institución. Es que la “extrema precariedad” del edificio donde se encuentra su sede de manera transitoria, en el barrio porteño de Barracas, “no garantiza --según los trabajadores-- las condiciones de seguridad más elementales” de casi tres mil películas (con 7.027.406 metros de rodaje), guiones originales, afiches, piezas de vestuario y cámaras legendarias. Una grave situación que puede desembocar en el deterioro irreversible de un patrimonio cultural irrecuperable debido a la continua desidia oficial, ahora macrista, que no hace más que mirar para otro lado.
La problemática no es nueva, pero cada vez se torna más complicada. Desde su fundación por decreto municipal en 1971 hasta hoy, el Museo vivió un desarraigo constante provocado por cinco mudanzas. La última fue la peor: en 2005 del edificio ubicado en Defensa 1220, en San Telmo, pasó a la sede actual de José Salmún Feijoo 555, un inmueble alquilado al Correo Nacional en el sur de la ciudad. Supuestamente, el traslado era transitorio y debía durar dos años, tiempo en el que se estipulaba finalizar la obra de remodelación de la antigua sede mediante el “Proyecto Polo Cultural Sur”, que también prometía el mejoramiento de Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba). Pero, entre idas y vueltas, la obra se estiró más de lo pensado, volvió a arrancar y ahora se paralizó, al menos para una de las instituciones.
“Hace pocos días nos encontramos con que el cartel que presentaba la obra en conjunto cambió, y el Museo del Cine desapareció totalmente del proyecto”, afirmó en diálogo con Agencia NAN un trabajador que prefirió resguardar su nombre como muchos otros. ¿Por qué? Simple y sencillo: teme perder su trabajo, afirmó antes de poner como ejemplo el caso de los dos psiquiatras del Borda que funcionarios del gobierno de Mauricio Macri despidieron por denunciar la precaria situación del neuropsiquiátrico en un diario de tirada nacional. “Todo es muy complejo, para nosotros y para el museo”, continuó la fuente, que aseguró que el actual edificio “no está en condiciones de funcionar, ni como dependencia pública ni como museo”. Tanto es así que la Defensoría del Pueblo reconoció su estado “calamitoso” a través de la Resolución 3565/06.
Está claro, el Museo de Cine padece una complicación de doble filo. Ni la sede actual ni la sede anterior son lugares aptos para albergar el gran archivo de la historia fílmica nacional. “Sin embargo, nosotros seguimos trabajando. Pudimos paliar los problemas inmediatos, como filtraciones y la calefacción, y la institución sigue funcionando”, comenta otro de los empleados. Por ejemplo, en noviembre se realizaron varias actividades durante La Noche de los Museos, el centro de documentación y la cineteca siguen trabajando y hasta se buscan lugares alternativos para llevar a cabo ciclos de cine. “Pero lo cierto es que necesitamos más que eso para preservar las colecciones en buenas condiciones. Por eso, tendría que ser urgente una medida desde el Ministerio de Cultura o el Ejecutivo”, señaló. Desde ambos lados, el silencio es moneda corriente.
Por su parte, funcionarios de la Dirección General de Museos, a cargo de Florencia Braga Menéndez, aseguran que el problema los “supera”: “Es una cuestión ministerial y del gobierno”, respondieron voceros del área ante la insistente consulta de esta agencia. La “única salida” que se analizó en una reunión conjunta que recientemente mantuvieron los trabajadores del museo con Menéndez es una nueva mudanza. “Aunque es sólo un rumor”, remarcó uno de los empleados. Sin embargo, el reclamo de todo el Museo de Cine es “que la remodelación de la sede de Defensa se haga efectiva y se cuide, con mejoras en el actual edificio, el patrimonio fílmico”. Es más, si estos pedidos no se cumplen, la actual directora del museo, Paula Félix-Didier, estaría dispuesta a renunciar, disconforme con el deterioro que sufre la institución.
Las indefiniciones transformaron al futuro en incierto y las versiones que explican la quita del Museo del Cine del “Proyecto Polo Cultural Sur” son contrapuestas. Según el Ministerio de Cultura porteño, fue por “falta de presupuesto”. Según los trabajadores, porque “no les importa hacer desaparecer el Museo de Cine y además hay intereses mucho mayores atrás del museo de Arte Moderno”. ¿A qué se refirieron con esa acusación? A que “hay grandes empresas, como Andreani” (que participa a través de su fundación) involucradas en el Mamba --coincidieron algunos trabajadores-- y obviamente eso interesa más a Macri”. Por eso la preservación y difusión del acervo audiovisual argentino, la asistencia a estudiantes e investigadores y la provisión de material que maneja el Museo de Cine queda relegada a innumerables obstáculos.
La remodelación que se preveía implicaba la construcción de bodegas nuevas, tres salas de proyección con capacidad para cien espectadores cada una y, por supuesto, el mejoramiento integral de la estructura edilicia. Las obras, al igual que el resto de las del “Proyecto Polo Cultural Sur”, están en manos de la constructora Unión Transitoria de Empresas Bricons SAICFI. El costo total de los arreglos, según el pliego licitarlo original, era de poco más de 20 millones de pesos, pero con el correr del tiempo la cifra se fue desdibujando. Hoy no se conoce en definitiva cuál es el monto total.
“Lo único que queremos es evitar su desaparición. De continuar esta tendencia, no sería algo raro”, sostuvo preocupado un hombre que trabaja en el museo hace muchos años. Con el objetivo de cumplir esa meta, los empleados seguirán reclamando como hasta ahora, a través de la difusión de la crítica situación y de la defensa de cada uno de sus pasos en asamblea. Por el momento, no tienen pensado realizar marchas ni tomar medidas de fuerza porque temen que la situación se complique y se produzcan despidos. Pero seguirán poniéndole el pecho como hasta ahora: para intentar que la situación del Museo de Cine comience a mejorar; para seguir defendiendo el patrimonio fílmico argentino.
http://agencianan.blogspot.com/2009/12/museo-del-cine-peligro-de-desaparicion.html