Una relación traumática

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Por Nicolás Sagaian. Revista El Cruce, agosto de 2010.- La relación entre la jerarquía de la Iglesia católica argentina y el actual Gobierno no atraviesa su mejor momento. Muestras de sobra se vieron en este último tiempo con la discusión en torno al matrimonio de personas del mismo sexo a través de la modificación del Código Civil. Pero la historia de desencuentros ya posee larga data. Por ejemplo, en 2004 estalló el primer cortocircuito, con la postulación de la jueza Carmen Argibay para cubrir una vacante en el alto tribunal. La abogada penalista se proclamó “atea militante” y se pronunció en favor del aborto lo que despertó críticas de los sectores católicos que impugnaron su nominación. A partir de ahí comenzaron las críticas y declaraciones cruzadas entre funcionarios y miembros de la Conferencia Episcopal, situación que tuvo idas y vueltas pero nunca se aflojó hasta ahora.

Las posiciones encontradas por opiniones divergentes sobre el aborto, la educación sexual y el tema de la pobreza, entre otros, generó un escenario espinoso sin vuelta atrás. No hace falta remontarse mucho en el tiempo para recordar las palabras del obispo castrense Antonio Baseotto quien a través de una parábola sugirió que habría que “tirar al mar atado a una piedra” al ex ministro de Salud, Ginés González García, por haberse manifestado en público a favor de la despenalización del aborto. Luego las denuncias penales del gobierno, la idea de terminar con la institución castrense y las claras diferencias ideológicas tuvieron pista libre.

Inmediatamente llegó la separación del tradicional Tedéum, cuando en 2005 el Gobierno decidió trasladar la ceremonia a Santiago del Estero, desde entonces la ceremonia se desplaza por diferentes provincias. “Si bien con Cristina Kirchner la relación cambió, no lo hizo de una forma rotunda”, señala el periodista Washington Uranga. Más allá de los dos encuentros que mantuvieron en estos años la presidenta con el cardenal Jorge Bergoglio la situación se mantuvo. “Nunca hubo gestos de acercamiento importantes”, resalta el investigador del Conicet Fortunato Mallimaci. “Hasta que los obispos dejen de pensar que pueden tener total incidencia en la sociedad y el Gobierno se muestre más abierto a escuchar, difícilmente los problemas queden zanjados”, considera el padre Eduardo De la Serna, miembro de la diócesis de Quilmes.

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