Gladiador de la arena política

Fue una de las figuras más relevantes de la última década del país. Con su convicción y su vigor para defender sus ideales supo ganarse su lugar en la historia. Por eso, hoy su pueblo lo llora.

Por Nicolás Sagaian. La Unión, 28 de octubre de 2010.- Néstor Kirchner hizo de la política su razón y su modo de vida. Desde los inicios de su carrera como militante en Río Gallegos hasta su último día, demostró ser un luchador pasional, un formidable constructor de poder y una persona muy capaz, a tal punto que su aparición en el centro de la escena significó un cambio muy importante en el modo de hacer política. Pese a las vacilaciones en su estado de salud, siempre mostró un vigor envidiable para perseguir sus convicciones. Por eso, se transformó en una figura notable que quedará en la historia para siempre, como militante, presidente, defensor de los derechos humanos, pero sobre todas las cosas, como un hombre que nunca fue indiferente.

Llegó a la Casa Rosada después de una vida agitada y condicionada por la política. En una Argentina desvastada por la traición, la entrega de bienes y la ineptitud durante la década de los ‘90, tomó el mando presidencial en 2003, con el objetivo de pelear por un país mejor. Para sacar a los argentinos del pozo en el que estaban ahogados, luchó contra los organismos económicos internacionales, contra las viejas estructuras de las Fuerzas Armadas, reactivó los lazos con el Mercosur y se jugó para revalorizar la condición de los trabajadores y movilizar el mercado interno con un modelo de gestión basado en la economía social.

El compromiso que levantó como bandera fue tan fuerte que su carácter tuvo que endurecerse, más de lo que había demostrado hasta ese entonces. En su haber, guardaba, a modo de experiencia, cuatro años al mando de la Intendencia de Río Gallegos (1987) y doce años de gestión como gobernador de la provincia de Santa Cruz, desde 1991 hasta 2003. Durante su mandato, reformó la Constitución provincial, instauró la reelección indefinida y favoreció inversiones internacionales en el área petrolera y minera, lo que impulsó una serie de críticas que enfrentó argumentando que era imperioso el “equilibrio fiscal” y monetario.

En cada una de sus iniciativas políticas, siempre defendió sus ideales. Era un hombre que sabía ocupar los espacios, rodeado de sus laderos, para construir círculos de poder. Con esa forma apasionada de conducción, llegó a la Presidencia de la Nación, a la titularidad del PJ y la secretaría general de la Unasur, mediante un estilo de construcción centralizada y verticalista con fuertes raíces de su esencia peronista. Entonces, quizá ahí se entienda el vacío (ineludible) que se genera en el kirchnerismo después de su fallecimiento. Es que Kirchner se puso siempre al frente del aparato que supo construir, de sus convicciones militantes, con una forma enérgica, vigorosa, intensa, pese a que sabía que ponía en riesgo su salud como en estos últimos meses.

La innumerable cantidad de obligaciones como presidente no lo habían dejado bien. En 2004, tuvo que ser internado por una gastroenteritis. En 2006, sufrió una nueva descomposición gástrica y este año las complicaciones se agudizaron: el 7 de febrero tuvo que ser operado por un problema en una arteria, y el 11 septiembre, sintió un fuerte dolor en el pecho y tuvieron que realizarle una angioplastía. A pesar de la recomendación de los médicos que le indicaba reposo, el ex Presidente no podía con su ley, y a los tres días, protagonizó un acto en el Luna Park para continuar con su agenda, cargada de responsabilidades en pos de candidatearse para volverse a sentar en el sillón presidencial en el 2011.

La pasión lo empujaba. Para darse una idea, el día del traspaso de poder a su esposa, Cristina Fernández, había comentado en chiste que iba a dedicarse a realizar “un taller literario”. Pero, claro, nadie le creyó: siempre estuvo siguiendo de cerca cada uno de los pasos que dio su mujer desde 2007, así como también el camino que siguieron sus “compañeros” en la calle y desde el poder. El domingo pasado, los doctores del Hospital Jorge Formenti, de El Calafate, lo revisaron y le aconsejaron permanecer en reposo dentro del mismo nosocomio, pero decidió descansar en su domicilio residencial de “Los Sauces”.

Con la política como empuje, esta mañana, pese a las complicaciones, iba a visitar Lomas de Zamora. El motivo era celebrar el primer aniversario de la Asignación Universal por Hijo y de gestión del Intendente Insaurralde. Entonces, queda claro que Kirchner no dejó sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada, siguió adelante con su causa para expandir el modelo y la repolitización del país.

Muchos lo criticaron e injuriaron por su estilo, su vocación, apuntándolo de ser un “generador de conflictos”, como si el conflicto no fuese insoslayable de una sociedad donde velan distintos intereses y diversas desigualdades. La vida es así, y Néstor Kirchner lo entendió de esa manera.

Nada lo hubiera cambiado. El hombre vivió y murió defendiendo sus convicciones, sin pensar en la formalidad, en la superficialidad y en el protocolo. Entonces es totalmente entendible por qué, Néstor Kirchner quedará en la Historia como un hombre impulsado por su calor, sus ideales, su formación política y su fortaleza. Hoy su pueblo lo llora.

http://www.launion.com.ar/?p=1384

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